En la línea de fuego frente a la LdRC: “Una competencia para el gobierno”

En algunos países latinoamericanos, líderes religiosos frecuentemente desempeñan papeles como líderes comunitarios y defensores de los derechos humanos. Como resultado, estos líderes se enfrentan al acoso, la intimidación e incluso la violencia en las manos de actores estatales y no estatales. Durante las próximas semanas CSW presentará entrevistas con líderes religiosos quienes trabajan en la región para destacar sus experiencias en la línea de fuego frente  a la libertad de religión o creencia (LdRC).

David* es un líder religioso trabajando en Venezuela. Ha implicado el acompañamiento pastoral a víctimas de violaciones de sus derechos humanos.

“Para hacer un trabajo social en Venezuela – entregar alimentos, hacer otras cosas, cuestión que yo hago – hay que hacerlo con mucha discreción, hay que hacerlo con cierto cuidado, y sin embargo es imposible no arriesgarse.

En teoría nosotros tenemos la libertad religiosa en Venezuela, pero algunos sacerdotes y líderes religiosos son un blanco para el gobierno, que es una especie de confederación de fuerzas que pretende mantenerse en el poder tratando de sostener su control social sobre las personas.

Aquellos que hacen acciones humanitarias de alguna manera son vistos como una competencia para el gobierno en cuanto su control social, porque las entidades religiosas por lo general ayudan a las personas con alimentos o con medicinas de manera desinteresada y no están haciendo con ellos proselitismo político, aunque algunas hay que reconocer que si hacen proselitismo religioso.

Entonces el gobierno pretende ser visto como el único benefactor y como un elemento del cual dependa la población, de modo que puedan ganar el favor político mediante votos o mediante asistencia a los actos políticos que genera el gobierno.

Cuando alguna entidad religiosa como las iglesias comienza hacer una labor que el gobierno observe como algún tipo de competencia, ellos lo estorban. Esto puede generar desde el envío de su grupo criminales o propias bandas organizadas en contra de líderes religiosos, o sencillamente la expropiación de algunos espacios, o la expulsión de la iglesia o del ministerio del lugar donde operan, o cualquier otro tipo de hostigamiento. No puedo decir que es una cosa ampliamente generalizada, pero si hay focos puntuales donde estas cosas han ocurrido.

Los pueblos fronterizos son más peligrosos, especialmente donde operan los grupos irregulares, o donde sencillamente hay una actividad muy fuerte de parte del gobierno que impide un poco las operaciones de carácter social que estos hacen. Y en muchos casos no hay justicia. Por ejemplo, un pastor llamado Marcelo Coronel estuvo preso durante varios meses por haber distribuido medicina. Aunque fue puesto en libertad creo que no hubo justicia porque se le robo su actividad natural y su libertad normal por mucho tiempo, sin que esto tuviera un resultado frente los actos injustos del estado.

Otro tipo de situación se presentó cuando se pretendió ingresar la ayuda humanitaria el 23 de febrero de este año cuando hubo toda una masacre en las zonas indígenas fronterizas con Brasil. Allí murieron muchos cristianos porque eran parte de una tribu, la tribu Pemon, que pretendió trabajar para que se pudiera abrir la frontera y abrir el aeropuerto. El ejército ha remetido contra ellos de una manera feroz, de una manera salvaje, y asesinaron a muchas personas.

En el caso nuestro, pues mi iglesia ha trabajado con aliados como la Cruz Roja y con otras ONG y otras entidades, para hacer trabajo social en la iglesia, especialmente aquellos dedicados a la seguridad alimentaria y especialmente la de niños para asistirles.

Esto evidentemente nos pone en riesgo porque el gobierno asume que cualquier manera de ayudar a la gente es una competencia para sus programas sociales, y sus programas sociales no son para los ciudadanos si no son para el ejercicio del control social.

Durante el año pasado he recibido amenazas anónimas por teléfono y en la puerta de mi casa. Hacen un seguimiento impresionante pero todo hasta el momento ha sido intimidación excepto porque la camioneta de la iglesia fue robado y a uno de los líderes de la iglesia le robaron todas las cosas de la casa, y mi asistente fue abusada físicamente. En cada uno de estos casos cada vez que hacían algo en contra de gente en mi equipo entonces mandaban mensajes para decir que hacían esto. Nunca me han hecho nada, nadie me ha puesto preso, pero siempre mandan mensajes de donde estoy yo, de donde está mi esposa, de que estoy haciendo.

No puedo afirmar que quienes me persiguen sean del alto gobierno. No obstante es evidente que si hay entes de seguridad del estado, al menos al nivel regional, metidas en esto.

El gobierno ha hecho difícil la vida a los venezolanos. Ha impedido el ingreso de ayuda humanitaria, ha estorbado la labor de iglesias que quieren ayudar, ha sido un obstáculo para el progreso de la gente, ha producido el derrame migratorio más terrible que nosotros tenemos en la región. En total ha sido un factor terriblemente pernicioso para el ciudadano venezolano.

Para mi equipo y yo, existe la posibilidad de que alguno de nosotros vaya preso, existe la posibilidad de que seamos hostigados, de que en algún momento en que yo pretenda salir del país, me quiten el pasaporte y visa emitida. Entonces hay diferentes acciones que el gobierno emprende contra quienes ellos consideran un objetivo político.”

*Nombre cambiado por razones de seguridad

Foto principal: “Freedom! ¡Libertad!” by Fresh Pasta is licensed under CC BY-NC-SA 2.0‌