«Fue aterrador para mis hijos… comenzaron a llorar y a gritar».
El domingo 22 de marzo, en Guanabacoa (provincia de La Habana, Cuba), varios fieles —incluyendo a varios menores— de la Alianza Misionera «Cristo Centro» fueron atacados con piedras y bloques de hormigón por un vecino que, según se informa, trabaja para el Ministerio del Interior y que cuenta con un historial de acciones hostiles dirigidas contra la iglesia. Los pastores de la congregación, Yoennis Cala y Dayana Gómez, junto con sus hijos pequeños, vivieron momentos de pánico cuando el vecino arrojó objetos contra su vivienda.
Este incidente constituyó uno de los varios indicios de una nueva ola de represión en Cuba: una ola marcada por detenciones, actos de violencia y acciones dirigidas contra personas vinculadas a la fe religiosa y a la expresión pública; un fenómeno que, además, refleja un patrón inquietante en diversas regiones del país.
Una semana antes del ataque en Guanabacoa —el domingo 15 de marzo— el pastor Rolando Pérez Lora fue detenido en Peñas Altas (provincia de Matanzas) tras haber grabado y publicado en YouTube un video con una enseñanza bíblica. Debido a los estrictos controles sobre el acceso a internet en Cuba, el pastor se vio obligado a realizar dicha grabación en un parque, uno de los dos únicos lugares donde la ciudadanía tiene acceso a la red WiFi. En las imágenes que circularon por las redes sociales, se escucha al pastor decir: «Me están maltratando sin motivo; no he hecho nada malo», mientras es introducido a la fuerza en un vehículo policial. El clérigo fue puesto en libertad horas más tarde, pero denunció haber sido objeto de vigilancia y acoso de manera reiterada a raíz de sus actividades.
Un día después, Jonathan Muir Burgos —un menor de 16 años e hijo del pastor independiente Elier Muir Ávila— fue detenido junto a su padre tras participar en las protestas que estallaron en la ciudad de Morón, provincia de Ciego de Ávila, los días 13 y 14 de marzo. El adolescente permanece privado de su libertad después de que el tribunal rechazara, el 15 de marzo, un recurso de *habeas corpus* presentado en su favor. Esta situación ha intensificado la preocupación en torno a su caso, especialmente dada su edad, el hecho de padecer una afección crónica de salud y las garantías legales que le asisten.

Más allá de los hechos en sí mismos, estos casos tienen un rostro humano. En un caso, la voz de un padre refleja la angustia de ver a su hijo pequeño tras las rejas, aun mientras se esfuerza por mantener su fe en medio de la incertidumbre. En otro, un pastor describe el momento en que temió por la vida de sus hijos cuando comenzaron a llover piedras sobre la casa donde se encontraban reunidos; sin embargo, nunca dejó de reafirmar su confianza en Dios ante el peligro. Y en un tercer caso, un líder religioso mantiene su fe incluso al relatar los malos tratos que sufrió durante su detención.
Se trata de individuos que experimentan miedo, que viven con la angustia de la preocupación por sus seres queridos y que se enfrentan a situaciones extremas; sin embargo, la misma manera en que hablan y relatan estos acontecimientos se convierte, simultáneamente, en una declaración de fe.
En respuesta, los líderes religiosos cubanos están alzando sus voces en apoyo al pueblo cubano, así como a los prisioneros políticos recientemente detenidos, a sus familias y a otras personas que han sido víctimas de amenazas, actos de intimidación y agresiones físicas.
El 26 de marzo de 2026, la Alianza de Cristianos de Cuba —compuesta por más de 70 líderes religiosos registrados, así como por comunidades cristianas de toda la isla que cuentan con miles de congregantes entre sus miembros— emitió un comunicado público denunciando el contexto de «hambre, miseria e indefensión» que se vive en el país, y expresando su preocupación por la situación de los detenidos y sus familias. En el documento, los firmantes afirman que existe un deber moral de solidarizarse con quienes sufren injusticias; asimismo, instan a que se visibilice el difícil predicamento de los prisioneros, al tiempo que exigen la liberación de aquellos que han sido detenidos injustamente.
Desde el exilio, líderes religiosos cubanos también han reaccionado ante estos acontecimientos. El reverendo Mario Félix Leonart Barroso —pastor bautista anteriormente afiliado a la Convención Bautista Occidental de Cuba y defensor de larga data de la libertad de religión o de creencias (FoRB)— advirtió que la represión se ha intensificado en los últimos días; por su parte, el pastor Alain Toledano Valiente —líder del Movimiento Apostólico— señaló que resulta imposible separar la realidad social del sufrimiento del pueblo. Permanecer en silencio ante tales situaciones equivale, en la práctica, a alinearse con quienes perpetran la represión.
Estas declaraciones contrastan marcadamente con un llamamiento oficial a la neutralidad emitido por la Convención Bautista de Cuba Occidental (WCBC), una denominación grande y debidamente registrada. Esta postura también ha sido secundada por algunos pastores en las redes sociales. Muchos han vinculado el comunicado de la WCBC con una gira nacional realizada a finales de 2025 por Caridad del Rosario Diego Bello, jefa de la Oficina de Asuntos Religiosos (ORA) del Comité Central del Partido Comunista de Cuba.
Durante esta gira —según varias fuentes consultadas que solicitaron el anonimato—, la Sra. Diego Bello promovió activamente una postura de neutralidad o alineamiento entre los líderes religiosos. De acuerdo con estos testimonios, durante dichas reuniones se transmitieron supuestamente mensajes que condicionaban, de manera implícita, una relación positiva entre las iglesias y el gobierno. Estos mensajes incluían referencias a privilegios otorgados con anterioridad —tales como la posibilidad de viajar al extranjero—, a pesar de que tales derechos deberían estar garantizados como una cuestión inherente. En este contexto, se habría instado a los líderes religiosos a abstenerse de adoptar posturas críticas y, en su defecto, a mantener una actitud de «neutralidad».
Tras la publicación de la exhortación a la neutralidad por parte de la WCBC, varios líderes religiosos cubanos en el exilio volvieron a pronunciarse públicamente. El reverendo Leonart Barroso afirmó: «Desde que la carta se hizo pública, la represión contra [la WCBC] —contra los miembros de esa convención— se ha intensificado. Para mí, esto no es una coincidencia…», sugiriendo así un contexto de creciente presión tras la difusión del documento.
Por su parte, el pastor Toledano Valiente señaló: «Si el pueblo sufre, no se puede alegar que el asunto no le concierne a uno… Cuando se dice que uno no debe involucrarse en política, se está negando la realidad de la propia congregación», subrayando así la imposibilidad de separar la fe de la realidad social.
Estas voces convergen en un punto esencial: en contextos de crisis y violaciones de los derechos humanos, la neutralidad deja de percibirse como una postura intermedia para pasar a entenderse como una forma de silencio; un silencio con consecuencias tangibles para quienes sufren.
Desde hace años, diversas fuentes y observadores han señalado que la relación entre la ORA y los grupos religiosos no se limita a un marco institucional formal, sino que abarca mecanismos informales de influencia y control. Líderes religiosos han denunciado haber sido objeto de presiones —ya sean directas o indirectas— para abstenerse de realizar declaraciones públicas que pudieran interpretarse como críticas al gobierno; en su lugar, se les insta a adoptar una postura de «neutralidad» que, en la práctica, coarta la expresión de puntos de vista independientes.
Esta aparente —aunque forzada— neutralidad plantea interrogantes fundamentales: en un entorno caracterizado por denuncias de represión y violaciones de los derechos humanos, el silencio institucional puede, *de facto*, transformarse en una forma de alineamiento que invisibiliza dichas realidades. Así pues, el debate no gira únicamente en torno al compromiso político de las instituciones religiosas, sino sobre el papel que estas deben desempeñar frente a la injusticia; concretamente, si deben limitarse exclusivamente a los asuntos espirituales o si, por el contrario, tienen también una responsabilidad moral ante el sufrimiento social que las rodea.
¿Puede la neutralidad convertirse en una forma de cobardía? Muchos, tanto dentro como fuera de Cuba, consideran que las instituciones religiosas tienen una responsabilidad moral ante la crisis. Los pastores y líderes espirituales deben su lealtad a su pueblo. Cuando uno da la espalda a sus congregantes en nombre de una supuesta neutralidad, lo que hace, en realidad, es ponerse del lado de los opresores. No basta con limitarse a rezar; Cuba necesita algo más que palabras.
Por Enrique de Jesús Fundora Pérez, consultor de CSW para Cuba, pastor cubano exiliado, y fundador de la Alianza de Cristianos de Cuba