“Es difícil luchar toda la vida”: Una entrevista con María Antonieta Colunga Olivera

María Antonieta Colunga Olivera es periodista, la madre de Caleb y la esposa de Yoel Suárez, también periodista y activista por la defensa de la libertad religiosa.  Ambos se conocieron cuando ella trabajaba como editora y periodista para la revista cubana El Caimán Barbudo.

Ahora trabaja como comunicadora en la oficina nacional de Cáritas Cuba, una institución de ayuda humanitaria de la iglesia católica. Su esposo ha escrito ampliamente sobre los derechos humanos y la libertad de religión o creencia, y como resultado de su trabajo, ha sido objeto de hostigamiento regular por parte de las autoridades cubanas.

CSW platicó con María Antonieta para escuchar su testimonio y destacar su experiencia.

“Las horas más largas de mi vida”

El marido de María Antonieta fue citado a la estación de policía de Siboney en La Habana por la primera vez en el 5 de febrero de 2020. Allí, fue interrogado durante tres horas por un agente de seguridad del estado que le informó que sería prohibido de viajar del país. 

La primera vez que lo arrestaron, fui la primera en saberlo. Desde la parte de atrás de la patrulla (carro policial), separado por un vidrio de sus captores, logró mandarme un mensaje al WhastApp donde apenas tecleó: me llevan detenido, avisa! Como pareja, como confidentes y también como colegas que somos, habíamos previsto este instante. Veíamos caer como fichas de dominó a otros colegas que hacían lo mismo que él: reportar la realidad de Cuba sin compromisos con el poder, y sabíamos que probablemente nos tocaría llegar allí. En mi Whatsapp tenía una lista de contactos, amigos dentro y fuera de Cuba que podían denunciar el hecho y ejercer cierta presión para que lo liberaran. Comencé a enviar mensajes de SOS.

No desapareció por días, apenas fueron unas dos o tres horas. Pero fueron, para mí, las horas más largas. Nos encontrábamos a kilómetros de distancia: yo en Camagüey, con nuestro pequeño hijo, visitando a mi familia; y él en Guantánamo, tratando de hacer periodismo.

Solo recuerdo que le pedí a mi mamá que se ocupara de Caleb y me fui al balcón de la casa a pasar mensajes y a estar pendiente del celular. Hablé un par de veces con mi suegra, que desde La Habana estaba igual muy al pendiente. En algún punto, desde un teléfono público, Yoe nos llamó para decirnos que lo habían soltado, que venía de regreso a Camagüey y que le habían decomisado el celular. Fue un día en extremo difícil hasta el punto de la madrugada en que él llegó a casa de mi mamá y finalmente pudimos abrazarnos.”

María Antonieta y su marido Yoel

CSW: ¿Cruzó por tu mente el que lo asesinaran?

“No, no es la realidad de Cuba hoy. Sí pensé que podrían pasar unas 72 horas antes de que lo soltaran, porque con muchos activistas y opositores hacen así: los detienen tres días, los interrogan y luego, al no tener cargos que imputarles, los sueltan. Me preparé para ese, el peor de los escenarios.”

CSW: ¿Que pensaste que te podría pasar a ti y a tu hijo?

Las represalias o consecuencias en Cuba con/para familiares de presos políticos no son generalmente directas, sino que se desprenden de la injusticia que sufre tu ser querido. Una familia inevitablemente sufre si ve a su familiar detenido, preso, señalado por los demás, segregado socialmente, sobre todo cuando sabe que su familiar no ha cometido otro delito que defender lo que piensa sin dañar a nadie, o ejercer su profesión acorde a su conciencia. Hay familias (gracias a Dios no ha sido nuestro caso aún) que tienen que vivir el asedio a su ser querido: que una patrulla policial se parquee frente a tu casa en días señalados (por ejemplo, cuando se celebra el día mundial de los Derechos Humanos o ante una convocatoria de manifestación pública) y que haya un agente del supuesto orden público que le impida a tu familiar salir de su casa, sin orden judicial o razón declarada.

Supuestamente a ti “no te tocan”, pero todos sabemos que tocar a un ser querido es peor que sufrir un daño en carne propia.

Después de que detuvieron a Yoe por primera vez, supe (o mejor, confirmé) que ya no podíamos hablar un millón de cosas por el celular ni por el teléfono fijo de la casa, porque evidentemente estaba “pinchado”, como decimos en Cuba. Uno ve dañada en mucho su propia privacidad.

Luego comienzan a pasar cosas como que vienen con frecuencia a tu casa, a citar a tu esposo para la estación de policía local, y ya cada vez que oyes que alguien grita su nombre desde afuera de la casa, no piensas que puede ser un amigo que cayó de sorpresa, simplemente se te desboca el corazón y dices: “ahí están, de nuevo”.

No es lo que piensas que te pueda pasar, sino lo que te pasa, a nivel emotivo, a nivel psicológico, y a nivel social. Comienzas a dudar de los vecinos de tu cuadra, no sabes si cuando un viejo conocido te envía un SMS, te escribe de corazón o si está “trabajando” para esa gente.  Vas a una reunión de amigos y te incomoda que alguien tire fotos en dirección a ti. Y al final todo eso está en tu cabeza, probablemente son solo tus temores, pero solo eso, que tus temores se desaten, es una consecuencia cruel y triste; y es la principal ganancia de quienes te persiguen.

Gracias a Dios, yo soy una persona con una ilimitada fe en el mejoramiento humano, y soy despistada, y a veces hasta temeraria. Creo que Dios nos cuida y descanso en Él. Y sigo amando a todos mis amigos y saludando con cariño a todos en el barrio.”

CSW: ¿Que le dijiste cuando lo liberaron y llegó a casa?

“No recuerdo si le dije algo en particular. Suelo ser muy práctica en este tipo de cosas, acaso le habré dicho: “llama a tu mamá”, porque mi suegra estaba en La Habana y no lo volvió a ver hasta que regresamos de este viaje familiar a Camagüey. Sí recuerdo que nos abrazamos largo. No tenía que decirle muchas cosas, nos sabemos y creo que mi serenidad y mi ausencia de reclamos han sido siempre mi mejor discurso de bienvenida ante cada una de estas situaciones.”

“No tengas miedo, tú no has hecho nada indebido”

Tras su primer arresto, el Sr. Suárez continuó haciendo su trabajo, a pesar de enfrentarse con citaciones repetidas de la policía, y presenciar amenazas y hostigamiento contra miembros de su familia.

“Cuando sucedió el primer arresto, algunos de sus familiares le recomendaron moderación e incluso colegas preocupados por su seguridad le instaron a utilizar pseudónimos en sus publicaciones. Cuando mi esposo me preguntó mi parecer, le respondí: “si haces alguna de esas cosas, ellos van a saber que sus maniobras han sido efectivas contigo. No tengas miedo, tú no has hecho nada indebido, tú eres un hombre digno, de conducta intachable y Dios está contigo. Sigue ejerciendo tu profesión con apego a la verdad, como hasta hoy y yo estaré a tu lado.”

Luego de ese primer arresto, vinieron una serie de citaciones encadenadas (unas seis veces, creo) para interrogatorios con agentes de la seguridad del Estado. En esos momentos, también hice pública mi postura. En mi muro de Facebook, el 11 de febrero, publiqué lo siguiente:

“Caleb amaneció con fiebrita, el agua debe entrar hoy (finger crossed) y el picadillo de vaca (debidamente comprado en la TRD del barrio) me quedó anoche de chuparse los dedos. Nada altera la calma de mi hogar, acá adentro estamos juntitos y nuestro amor nos protege de todo. Papá va a seguir siendo SúperPapá, el orgullo mío y de Bebé; y sé que hoy y mañana y pasado voy a tener que seguir diciendo la misma frase a las ocho de la noche: “periodista, dele guardar al word y muévame la laptop de la mesa que voy con los platos”. El que piense que con tres horas de palabras incómodas va a alterar eso ni lo conoce a él ni me conoce a mi. Gracias a todos los amigos y personas valientes q se han parado en estos días a nuestro lado. Qué Dios los bendiga mucho.”

La segunda vez que lo detuvieron fue igual por dos o tres horas, `para interrogarlo, y en casa no lo supimos hasta que regresó. Había salido a hacer unas gestiones hogareñas y en sus planes estaba pasar por el banco; como en las unidades bancarias se hacen largas colas (filas), pensé que demoraba en regresar por eso y no fue hasta que llegó a casa que supimos lo sucedido. Eran pasadas las dos de la tarde y yo aún lo esperaba para almorzar juntos, como siempre hacemos. Gracias a Dios, ha sido hasta hoy la última de las experiencias difíciles con las que nos ha tocado lidiar.

El resto de las preguntas de abajo se responden de manera similar a la detención anterior. Esta segunda detención fue más difícil para nosotros, porque por su modus operandi es básicamente un secuestro. Lo denunciamos en nuestras redes sociales y desde entonces tratamos, más que nunca, de vivir en apego a las leyes, porque sabemos que el próximo paso puede ser construirle una causa común para procesarlo como simple infractor de las leyes.

Yo siempre he apoyado y seguiré apoyando a Yoe en su derecho a ejercer su profesión sin presiones. Sin embargo, mentiría si no reconozco que estas situaciones afectan nuestra vida, y que me preocupo. Solo tratamos que el miedo no nos frene ni condicione nuestras vidas.

También mentiría si no reconozco que preferiría criar a mi hijo y hacer nuestra vida familiar lejos de toda esta triste realidad que impera en mi país; y lejos también de la dura carestía económica que se vive. Muchas veces como familia hemos hablado la posibilidad de emigrar. Es difícil luchar toda la vida. 

Él no es el que tiene que cambiar. Nunca me hago esta pregunta. No es una pregunta justa para él. Mi país tiene que cambiar para que mi familia no sufra.”

Hasta en los momentos más grises hay cosas por las que dar gracias”

En marzo de 2021, María Antonieta también fue citada para presentarse al Departamento de la Policía de Inmigración en Nuevo Vedado, donde fue interrogada sobre el trabajo de su esposo y su propio trabajo para Caritas. Ella describió el incidente, que duró alrededor de 30 minutos, en su página de Facebook:

“Insistieron en más de una ocasión en el objetivo declarado de la cita: que como esposa pudiera “ayudar” a mi esposo, influirlo, aconsejarlo para reevaluar su ejercicio profesional y no seguir por ese camino. En más de una ocasión les dejé perfectamente claro que admiro mucho a Yoe como profesional y que de ninguna manera interferiría en su trabajo, a no ser para apoyarlo.

Más allá de lo incómodo de una situación así, no me sentí mal, nerviosa o acorralada; y no lo digo como una loa a la amabilidad de yeso de los oficiales de la Seguridad… acaso solo quiera resaltarlo para la calma de los amigos y familiares que leerán esto, y un poco también para no dejar pasar por alto la serenidad y la paz que Dios ha puesto en mí, porque hasta en los momentos más grises hay cosas por las que dar gracias.”