‘Los guardias nos dijeron que no rezáramos. Lo hicimos en silencio, porque Dios nos escuchaba.’
Santos Julio Sevilla Rivera nació en San Sebastián de Yalí, Jinotega, Nicaragua, el 9 de enero de 1969. Nació con una discapacidad visual irreversible debido a una miopía grave y avanzada. Su visión era muy limitada incluso con lentes correctivos, pero esto no le impidió ser una persona muy activa, alegre y conocida en su comunidad.
Se trasladó a Estelí en 1983 debido al conflicto armado entre el gobierno del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) y los grupos insurgentes conocidos como la Contra. En 1998, fue invitado a un retiro espiritual por el sacerdote Sixto Muñoz Ilario Rodríguez. La experiencia resultó muy positiva y lo inspiró a participar como voluntario en la Iglesia Católica a través de la música. Prestó servicio voluntario en cuatro parroquias, principalmente en la de San Francisco de Asís. Entabló amistad con los sacerdotes locales y se dedicó con gran compromiso a apoyar al coro.
En el año 2000, un sacerdote lo invitó a trabajar en la oficina de Cáritas de la Diócesis de Estelí. Comenzó formando parte del equipo de seguridad y vigilancia en la entrada de la institución.

En 2010 fue trasladado al área de servicios generales, donde trabajó en labores de limpieza y mantenimiento. Durante su permanencia en la organización, continuó cantando en los coros de las parroquias de Estelí, bajo la dirección del sacerdote Francisco Valdivia.
Él le dijo a CSW: ‘Mi trabajo se desarrolló dentro de la iglesia; nunca estuve involucrado con grupos violentos. Tuve una buena relación con obispos y sacerdotes en general, siempre vinculado a la música; siempre apoyé a los grupos musicales parroquiales. Pasé la mayor parte de mi tiempo en la parroquia de San Francisco de Asís. El obispo de Estelí, Juan Abelardo Mata Guevara, renunció en 20211 y pasamos a estar bajo la administración apostólica del Obispo Rolando Álvarez. Tenía dos diócesis a su cargo. Monseñor Álvarez era nuestro nuevo jefe. Acudía a la institución con frecuencia; solo trabajábamos juntos compartiendo el mismo espacio para celebrar la Eucaristía en la parroquia.’
Mareas cambiantes
En abril de 2018, Nicaragua se vio sacudida por protestas a nivel nacional, a las que el gobierno del presidente Daniel Ortega respondió con el uso de la fuerza. Desde entonces, las iglesias de Estelí [al igual que en muchas otras partes del país] han sido rodeadas habitualmente por agentes de la Policía Nacional (PN), con patrullas apostadas frente a ellas.
Durante la Semana Santa, los agentes policiales seguían las procesiones de Pascua hasta que el gobierno las prohibió por completo. El señor Sevilla Rivera recuerda haber escuchado al coro mencionar que los policías entraban y grababan durante los servicios religiosos, y que la casa parroquial permanecía bajo vigilancia desde muy temprano en la mañana.
‘Muchas personas dejaron de asistir a la iglesia por miedo. Yo pensaba: «Dios es mi fortaleza…». Recuerdo que, durante el tiempo que trabajé en Cáritas a partir de 2022, me enviaban a pagar facturas de electricidad de entre 10.000 y 15.000 córdobas. Era un costo increíblemente alto en comparación con años anteriores, a pesar de que la institución era grande; nunca habíamos pagado tales cantidades, y ni mencionar la factura del agua. El gobierno exigía a todas las parroquias contratar contadores para pagar impuestos [sobre las ofrendas]. Antes, las parroquias estaban legalmente exentas de impuestos, pero luego cambiaron la ley.’
En 2022 empezó a notar que hombres vestidos de civil lo seguían hasta su casa después de salir de la oficina diocesana de Cáritas y de su parroquia. Algunos conocidos le aconsejaron dejar de ir a la iglesia y evitar la compañía de sacerdotes. También le dijeron que había personas encargadas de informar al gobierno sobre cada uno de sus movimientos. Le advirtieron que un día sería detenido si continuaba colaborando con la iglesia, pero él respondió:
‘Mi religión no la dejo, yo le sirvo a Dios no le sirvo a la gente. Que se haga lo que Dios quiera. … quería seguir en los coros cantándole al Señor, daba clase a los coros de armonía vocal. Era el maestro de canto, estaba en el ministerio de la música.’
‘Sabía que no tenía opción‘
Durante este período, la Diócesis de Estelí y la vecina Diócesis de Matagalpa estuvieron entre las más atacadas del país. Incluso antes del sonado arresto del obispo Rolando Álvarez en agosto de 2022, el PN había comenzado a hostigar a los feligreses y a arrestar y encarcelar a sacerdotes, seminaristas, diáconos y trabajadores de Cáritas. El señor Sevilla Rivera no escapó a la represión.
‘El padre me llamó un día antes de la detención para pedir apoyo con la música en la parroquia San Francisco de Asís, para cantar misa de acción de gracias por los enfermos el 20 de mayo 2023. El servicio comenzó a las 9 de la mañana ese sábado. Terminamos a la una de la tarde y llegué a casa muy cansado.
De repente me avisaron que me buscaban, yo pensé que quería que cantará en otra misa, pero era el Comisionado General de la Policía Nacional, vestido de civil con otros tres hombres sin uniforme. Ellos me engañaron diciendo que me iban a llevar a una reunión una hora y me regresarían a mi casa. Sabía que no tenía opción, no podía negarme y los acompañe.
Ya estando en la estación policial me tuvieron detenido ahí hasta el 23 de mayo sin explicaciones y a las 2 pm me trasladaron al Distrito III de Managua. [Nota del editor: Durante estos tres días, al Sr. Sevilla Rivera se le negó cualquier comunicación con su familia.] También había conmigo cinco personas, de Caritas Estelí, tres mujeres dos hombres. Los oficiales de policía robaron mi teléfono mi cartera, mi reloj —todo lo que llevaba.
Después me pasaron a la Modelo, cárcel de máxima seguridad, en aislamiento en la Galería 16, desde el 9 de junio 2023.
Me hicieron un juicio exprés [el 18 de diciembre de 2023] de una hora por videoconferencia, ese mismo día y la fiscalía me condenaron a siete años en prisión.2 Dijeron que los religiosos éramos golpistas, terroristas, que todos los sacerdotes eran iguales. Por 10 días me interrogaban día y noche y luego me llevaban a las celdas sucias como inodoros.
Esos días fueron muy duros, un sacerdote, preso conmigo, me dio una palabra de aliento: ‘en las interrogaciones que el Señor hable por ti’.
Creo que me llevaron preso por andar con el pastor Eugenio Benavides. Andaba haciendo fuertes declaraciones en las homilías, él hablaba de defender la justicia, los derechos humanos, y eso no le gustaba al gobierno porque quieren controlar lo que los clérigos dicen. Finalmente él fue enviado al exilio a Roma.
En prisión no nos daban agua suficiente, cada ocho días mi familia me llevaba algo de comer, pero en la cárcel solo daba una cucharita de gallo pinto [frijoles con arroz], no era suficiente, teníamos hambre. Adentro no podíamos tener una biblia. Los guardias se burlaban de mi fe, me decían que Dios me había abandonado. Pero todos los católicos rezábamos el Rosario y el Ave María. Era prohibido, pero lo hacíamos. Los guardias nos iban de callar y nos decían que no rezáramos. Lo hacíamos en silencio porque Dios nos escuchaba.
Mi esposa, mis dos hermanas, mi madre y mi hija me visitaba en la prisión, tomaban turno de ocho a 10 minutos una vez al mes. El 15 de cada mes daban paquetería que nos dejaban los familiares, comida, jabón, pasta de dientes, avena, pan, papel higiénico; de vez en cuando gaseosa.
Mi familia me dijo que había oficiales de la policía nacional caminando por la puerta de mi casa como en tono de amenaza mientras yo seguía preso.’
Durante su estancia en prisión, la discapacidad visual del Sr. Sevilla Rivera empeoró progresivamente debido a la falta de atención médica, la mala alimentación y el estrés. Su familia temía que, sin acceso a tratamiento especializado, desarrollara una ceguera total e irreversible.
Al exilio
En la madrugada del 5 de septiembre de 2024, 135 presos políticos nicaragüenses fueron trasladados en avión a Guatemala. El Sr. Sevilla Rivera se encontraba entre ellos. Durante los exámenes médicos, supo que padecía prediabetes e hipertensión; ya había salido de prisión con problemas de salud.
Su esposa viajó para reunirse con él en Guatemala y servirle de guía debido a su discapacidad visual. Realizaron los trámites necesarios para viajar a Estados Unidos y llegaron a Atlanta, Georgia, el 12 de diciembre de 2024. Tuvieron que dejar atrás a sus tres hijos.

El Sr. Sevilla Rivera y su esposa trabajan para mantenerse y pagar el alquiler. Ahora, la iglesia católica más cercana se encuentra a tres horas a pie; la situación es muy distinta a la de Nicaragua, donde podían ir caminando a la parroquia para asistir a misa. Sin automóvil, ir a la iglesia resulta casi imposible; no obstante, un sacerdote amigo les envía reflexiones bíblicas diarias.
Si bien acoger a los exiliados es importante, la comunidad internacional no debe limitarse a eso. Debe impulsar el fin de las condiciones que obligaron a personas como el Sr. Sevilla Rivera y su esposa a abandonar el país en primer lugar. Es preciso fortalecer y apoyar sus esfuerzos por restaurar la democracia y la justicia para todos en Nicaragua, así como vincularlos con aquellos que continúan haciéndo lo mismo incluso más allá de sus fronteras.
Escrito por el responsable de investigación e incidencia de CSW para Nicaragua
- La personalidad jurídica de la Asociación Cáritas Diocesana de Estelí fue cancelada el 2 de febrero de 2022, junto con la de otras tres organizaciones vinculadas a la Diócesis de Estelí. ↩︎
- Según el Mecanismo para el reconocimiento de personas presas políticas el Sr. Sevilla Rivera fue culpado por delitos relacionados con lavado de dinero junto con el padre Eugenio. Las autoridades nunca permitieron acceso al expediente judicial ni a la evidencia utilizada para sustentar los cargos en su contra, además le impusieron una multa de 144,000 córdobas. ↩︎